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¿Para qué vengarse? ¿Vale la pena?

Cuando nos hieren, la intensidad del dolor puede ser tan profunda que el instinto nos conduce a la peor de las reacciones: la venganza. Pareciera que es lo primero que tenemos a mano, vengarnos será la opción facil para resolver un problema que siempre tendrá otros caminos para resolver. Sin embargo, la rabia inicial nos provoca los sentimientos más oscuros, no por eso somos más malos ni más buenos, simplemente somos humanos y esa es nuestra naturaleza aunque no sea la mejor opción.

¨Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas¨, manifestaba Confucio en su gran sabiduría, pues entrar a ese oscuro túnel de la venganza solo nos garantiza más angustia. Nunca conseguiremos aliviar la angustia y mucho menos las cargas. Para sanar las heridas no existe nada mejor como el manto del perdón y la resiliencia. Entonces, ¿vale la pena vengarse?

Entre el perdón, el olvido y la venganza


El perdón. Sobre todo si la persona que nos causó daño es alguien de nuestros afectos, alguien que se ganó nuestra entera confianza, pareciera que el dolor es mucho más intenso, perdonar así se torna más difícil. Es importante que entendamos que perdonar no es una actitud que podamos tomar de boca para afuera. De nada sirve decir con los labios ¨te perdono¨ si en realidad en nuestro interior no sentimos lo mismo.

Decir que perdonamos sintiendo el rencor dentro de nosotros no sirve de nada, seguimos en cero. Perdonar es un arte que debemos aprender pero, sobre todo, necesitamos sentir la necesidad de hacerlo desde el fondo del alma. Si no aprendemos a abandonar las cargas que arrastramos con el dolor, a diluir en el tiempo toda la angustia que nos aprisiona, no lo lograremos. Perdonar implica arrancarnos el dolor de adentro y desatar sus cadenas. Nada como liberarnos de esa prisión que es el rencor. Los resentimientos nos abren las puertas de un oscuro túnel en el que perdemos la opción por nuestra paz interior. Todo este proceso de dolor puede afectar la salud a largo o a corto plazo, pues todo lo que nos duele en lo intangible del alma se transforma en una afección que nos perjudica más allá de lo físico y lo emocional.

Perdonar es liberarse. No se trata solamente de estrecharle la mano a quien nos causó daño y probablemente, recuperar con el tiempo su amistad, puede que esto no suceda o se trate de una persona extraña y lejana. Lo que realmente es importante es cómo trabajar ese proceso de liberación del rencor. Tomará algún tiempo, pero aprender a vivir sin resentimientos nos permite dar la vuelta la página de la angustia y empezar de nuevo. Si no lo hacemos con el corazón en la mano, llevaremos toda la vida esa carga, ese dolor que no nos abrirá paso hacia una reconciliación verdadera con nosotros mismos. Estará presente en nuestra vida perturbando cada movimiento. Dejemos ir lo que lastima.

El olvido. No se puede borrar lo vivido. Lo que sucedió estará presente en nuestra vida. Hay algo importante que debes saber: el olvido no existe, pero debemos aprender, del trabajo que hacemos a partir del perdón, a valorar la enseñanza que nos deja esa circunstancia difícil que atravesamos, todo forma parte de nuestra experiencia de vida. No es tarea fácil, pero no será imposible. Aliviar el alma no tiene precio.

¿Para qué vengarnos?


Si llegamos a concebir la venganza como la solución posible ante el dolor que sufrimos caemos en un grave error. Solo alimentaremos más el rencor y agrandaremos más la herida. No se parcha el dolor con la venganza. Dicen que ¨la venganza es un plato que se disfruta frío¨, lo que no dice este viejo refrán es que de ese plato también comeremos nosotros. Es imposible no sentir el peso de la venganza sobre nuestros hombros.

Aprender a arrancarse las vendas de la ira que nos deja ciegos de dolor y nos hace sentir que somos capaces de mucho más de lo que imaginamos, inmersos en la rabia que atormenta, se constituye en un sano ejercicio aunque el instinto, a veces, nos empuja a cometer errores, pero el ¨ojo por ojo, diente por diente¨ no nos devuelve la paz interior.

Esa arma de doble filo llamada venganza no solo puede perjudicarnos a nosotros, a la persona de quien nos vengamos, sino también a terceros que no son parte del problema. No solo seremos culpables de devolver el golpe sino que también ese efecto rebote en personas inocentes puede no ser algo que esté a nuestro alcance manejar. Piensa que el daño que le haces a alguien, repercute en sus seres queridos más cercanos: familia e hijos que terminarán pagando las consecuencias de los actos de otros.

¨La venganza es un veneno que uno toma esperando que muera el otro¨. Perfecta descripción de lo que implica la venganza, dicha por William Shakespeare, nos revela el más puro ejemplo de cómo nos sentimos cuando el rencor nos invade.


Deja en las manos del tiempo que todo lo sana, esas heridas que agrietan el alma, solo de esa manera podrás mirar hacia adelante y liberarte de la angustia.

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