Reflexiones

Lo que no sabías de los hombres “dominados”

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Cada pareja es un mundo y nunca hay dos iguales.  Puertas para adentro de la casa, en la intimidad del hogar y más allá de lo que se ve, la relación puede tomar infinitas formas, dependiendo de la personalidad de cada uno de los componentes, lo que a su vez depende, en gran medida, de la historia.

Las relaciones suelen ser prácticamente equitativas, pero a veces uno de los miembros ejerce un dominio sobre el otro, tomando este dominio diferentes formas y muchos matices. Si bien por el tipo de sociedad en el que vivimos es más común que el hombre sea el que toma un rol preponderante en la pareja, también es cierto que existen muchas parejas en las que esto se invierte.

Control, control y más control

Los casos en los que la mujer es la “que lleva los pantalones” son numerosos y probablemente, la mayoría no sean visibles por la presión social que existe al respecto, ya que es algo que normalmente se toma en tono de broma o burla.

Muchos hombres se quejan de su esposa. Afirman que los limita y los paraliza. Hablan de una actitud controladora, ejerciendo una presión sin pausa sobre los horarios y las actividades y que, en casos extremos, no pueden hacer nada.

Varios aspectos explican esta situación.  Hay muchas mujeres que asumen con su pareja el papel de mamá, olvidando que se trata ahora de una relación de pareja. En otros casos, siguen la pauta de los que han visto en sus hogares y reproducen la relación de sus padres. Sea por lo que sea, ejercen un dominio claro sobre el hombre, ya sea que se vea desde afuera o que sea solo dentro del hogar.

A este tipo de mujeres, todo les preocupa de sus esposos, ya sea salud o una posible infidelidad. En ocasiones, cualquier actividad les parece muy arriesgada o inadecuada, por lo que quieren tomar el control.

Esta actitud se acompaña, en muchos casos, de escenas de celos, ira o furia controladora. Para estas mujeres, una salida con amigos es prácticamente una tragedia y algo que debe evitarse a toda costa. Revisan a su esposo antes de salir y cuando regresa, así como la ropa que llevaron, buscando cualquier indicio sospechoso. El teléfono de su esposo suele ser revisado minuciosamente, buscando fotos o mensajes comprometedores. No son raros los casos de apariciones en los lugares de trabajo para “observar” de cerca la situación y conocer a nuevos compañeros y compañeras.

Los hombres que están en esta situación suelen expresar su malestar y algunos se quejan amargamente; sin embargo, desde cierto punto de vista… ¡DEBERÍAN ESTAR AGRADECIDOS!

Un inesperado descubrimiento

Una investigación de la Universidad de Michigan, encabezada por la profesora Hui Liu, llegó a una llamativa conclusión.

La docente es Master en Economía, Sociología y Demografía. Sus intereses de investigación incluyen la salud y la mortalidad de la población, la familia y el matrimonio, la bio-demografía del envejecimiento y el curso de la vida.

Liu se ha centrado en el uso de originales métodos cuantitativos para desarrollar, probar y comprender científicamente los procesos matrimoniales y familiares que se relacionan con la salud y el bienestar de la población.

Ha realizado muchos descubrimientos singulares: por ejemplo, que un mal matrimonio daña físicamente el corazón (la expresión “romper el corazón” no es solo poética), aunque, por otro lado,  las personas casadas tienden a recuperarse mejor de una intervención quirúrgica.

En Michigan, durante 5 años, el equipo liderado por la profesora estudió a 1.200 personas casadas, a quienes se observó y se le aplicaron algunas pruebas.

Entre esas personas, por supuesto, existían parejas donde la mujer era “dominante” y el hombre explicaba las diferentes situaciones a las que estaba sometido.

Realizado el análisis de los resultados obtenidos, se obtuvieron claras evidencias de que los hombres que compartían su vida con estas mujeres, vivían más tiempo y tenían una mejor salud.

Los investigadores piensan que el inesperado resultado tiene, en verdad, una explicación bastante sencilla: la mujer controladora cuida a su esposo de los malos hábitos, prohibiéndole fumar, beber con amigos y dormir poco. Prepara alimentos sanos (o los hace preparar a su marido). Controla la ingesta de los medicamentos recetados por el médico, hace cumplir las indicaciones dadas por este y lleva la cuenta de las visitas a los diferentes profesionales. Está pendiente de cualquier resfriado y tomas las medidas adecuadas a tiempo.

Todo esto se traduce en unas mejores condiciones de vida, una mejor salud (al luchar contra la aparición de peligrosas dolencias cardíacas, diabetes o presión alta), lo que lleva a una vida más larga.

Así es que, como afirma el dicho: “no hay mal que por bien no venga”.

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