Confesiones

Cuando partió, mis últimas palabras fueron

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Cuando partió, mis últimas palabras fueron;
—¡Te esperaré, no importa cuánto tardes!—
De saber que estaba diciendo tal mentira no hubieran salido de mi boca jamás, al paso del tiempo vi desfilar mujeres junto a él, y yo con el tiempo me volvía más hija de puta, menos corazón y más entrepierna, menos citas en el parque y más bares por la noche, menos pendeja y más cruel.

Ningún hombre se atrevió a volver a jugar y yo cuando decidían irse les abría la puerta y les daba una despedida de la cual se acordarían toda su vida, tanto que no necesitaba pedir que regresaran.
Me volví del tipo de mujeres que encantan tan solo con su andar, y él como perfecto asesino volvió a la escena del crimen, pero no encontró a la chica que lloró su partida, encontró a una mujer que creé en el amor pero sabe que sin el se puede vivir también. Encontró lo mismo que el veía cuando partió; nada, absolutamente nada para él, yo estaba completa y él venía sobrando como sobre yo para él cuando estaba dispuesta a amarlo.

Elizabeth Santillan

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