Reflexiones

Adoro a la gente que se gana día a día un pedazo de mi corazón

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Debemos fomentar las relaciones positivas y evitar aquellas que nos impidan crecer, desarrollarnos y ser felices. Debemos rodearnos de personas que nos permitan ser nosotros mismos

No es fácil encontrar buenos amigos, buena gente que, de verdad, sea significativa en nuestra vida y que sea capaz de ganarse nuestro corazón.

Las personas necesitamos de adecuados vínculos personales y sociales en nuestro día a día para avanzar con seguridad y enriquecernos con otras ideas y otros afectos.

Necesitamos también sentirnos reconocidos y ofrecer a su vez reciprocidad para edificar una vida feliz, auténtica. Hoy en nuestro espacio queremos invitarte reflexionar sobre esas relaciones significativas que hacen “crecer nuestro corazón”.

En nuestro día a día nos movemos en diferentes contextos, escenarios que nos dan la oportunidad de conocer gente nueva. Hay veces en que hemos de aplicar “cierto filtro” para evitar reforzar un tipo determinado de personas que, lejos hacernos bien, limitan nuestro crecimiento personal.

El objetivo en nuestro presente es saber convivir y respetarnos mutuamente a pesar de nuestras diferencias. Y eso es algo que también hemos de aplicar con muchos de nuestros familiares, aquellos con los que compartimos un vínculo de sangre pero con quienes no nos llevamos demasiado bien.

Contar con relaciones positivas fomenta nuestro crecimiento y cuida también de nuestra salud, física y emocional, e incluso de nuestro equilibrio personal. Y por ello es necesario saber identificar los 4 pilares que construyen estos vínculos.

1. Construir un apego saludable

Un vínculo o apego saludable es aquel que nos permite ser nosotros mismos y, a su vez, contar con una relación respetuosa. Es importante saber diferenciar esos tipos de apegos que construimos tanto con amigos como con parejas o familiares:

Apego basado en la confianza: Es el vínculo más saludable y recomendable. Aquí nadie desconfía de nadie, no tememos ser traicionados ni desarrollamos celos. Podemos dialogar con respeto, nos escuchamos y somos capaces de construir espacios comunes donde todos ganan y nadie pierde.
Relaciones ansiosas: Estamos ante el tipo de apego más dañino y peligroso. Son esas relaciones donde siempre está latente el miedo y la “autonecesidad”. Existe miedo a ser abandonados, se necesita atención constante y reconocimiento continuo por parte de los demás.
Llegamos a controlar a los demás hasta el extremo de invadir sus espacios personales, limitando los derechos y libertades básicas en la persona.

Apego distante: Sería el polo opuesto a estas dimensiones. En este caso hay indiferencia, no hay roce ni preocupación por la otra persona. Es una frialdad dolorosa que ocasiona un gran sufrimiento, en especial a nivel afectivo.

2. Satisfacer las necesidades básicas de las persona que habita en nuestro corazón
Las personas tenemos necesidades esenciales.

Ten en cuenta que mantener una relación no se basa en darlo todo a cambio de nada.

Las personas necesitamos ser respetadas y ser valoradas.
Necesitamos reciprocidad: Si yo te doy afecto y te ayudo en el día a día, valoro que también tú me ofrezcas lo mismo.
Necesitamos contar con personas en las cuales confiar.
Necesitamos ser nosotros mismos y no sentirnos juzgados ni sancionados.
Necesitamos personas que nos aporten, que nos den cariño, conocimiento, nuevas perspectivas, nuevas situaciones de aprendizaje…

3. Habilidad para saber reparar y ayudarnos a avanzar

Pensemos, por ejemplo, en las relaciones de pareja. Son vínculos en los que debemos construir cada día, en los que debemos negociar, llegar a acuerdos, perdonar y ser perdonados.

En todas las relaciones se pasan “baches”, instantes de dificultad personal donde contar con alguien que sabe reparar en lugar de poner muros es algo esencial.
Hay quien no sabe ceder, entender o mostrar una adecuada empatía. Estas personas no disponen de una adecuada sabiduría del corazón que edifica las relaciones positivas.
Para avanzar, las personas necesitamos saber asumir errores, entenderlos y después integrarlos para obtener un aprendizaje. En el plano de las relaciones ocurre lo mismo.
Toda dificultad o malentendido es una oportunidad para la comprensión, el cariño sincero y la voluntad de reparar que son los que construyen una auténtica relación.

4. La autenticidad en las relaciones positivas

Las personas auténticas son las verdaderos pilares de las relaciones significativas que habitan en nuestro corazón. Una persona auténtica tiene las siguientes características:

Saben respetar espacios personales y saben construir espacios en común.
Las personas auténticas no mienten ni aparentan lo que no son. Siempre serán sinceras con nosotros y mostrarán una empatía muy cercana.
Son personas que se conocen a sí mismas, que no tienen carencias que esperan ser resueltas o atendidas por segundas personas. Son personalidades maduras que han integrado su pasado y que ven el presente con libertad e ilusión.
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La vida con las personas auténticas es más gratificante. Nos enseñan y nos permiten enseñarles, nos enriquecemos mutuamente sabiendo respetar diferencias, sabiendo disfrutar las semejanzas.

Las personas que habitan en tu corazón son regalos que debes saber cuidar y atender

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