Reflexiones

El rey que odiaba las batallas

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Había un rey en Escocia que odiaba las batallas. Además de eso, odiaba varios deportes muy populares, sobre todo es de derribar árboles. Este rey prefería quedarse en su castillo, al calor de la lumbre, o pasear por sus jardines. Su reina se aburría de estar sentada junto al fuego y detestaba los jardines, y bordaba muy mal.

– ¡Cuánto me gustaría participar en una batalla!- exclamaba, mirando desde el castillo en busca de enemigos dispuestos para el ataque. Cuando el rey se imaginaba un ataque a sus grandes ejércitos de soldados acercándose al castillo para que él los condujera, sentía que el miedo le agarraba el estómago-. ¡Me emociono con solo imaginarlo!
Cada vez que decía esto, el rey levantaba la vista de su labor y se estremecía ligeramente. Se le daba muy bien el bordado y arreglaba los errores de la reina en cuestión de segundos.

Un día en que los soldados solicitaron ser dirigidos por el rey porque había problemas en algún lugar del reino, el rey le confió a la reina que se sentía muy mal. Estaba seguro de que no le haría ningún bien salir a arrasar los campos con su falda escocesa y su casco. La reina, que lo quería mucho le dijo:
– Acuéstate un rato, querido. Pediré que te traigan un té y tortas de avena calientes. Cierra la puerta de tu dormitorio y bajo ningún concepto hables con nadie ni permitas que vengan a verte.
La reina se puso la falda y el casco del rey, y los demás objetos que completaban la protección real, se ciñó su espada cogió las espuelas de la repisa de la chimenea, donde él las dejaba siempre. Se bajó la visera del casco para que no le vieran la cara. Fue a la cocina del castillo y ordenó que llevasen a la reina té y tortas de avena, pero que las dejasen junto a la puerta de su dormitorio. Dijo que estaría ausente un par de horas, participando en una batalla.

Mientras la reina estuvo fuera el rey terminó el bordado que ella había empezado, deshaciendo la mayor parte porque la reina había hecho un lío tremendo. Luego empezó otro, de pavos reales en un árbol. Estaba incorporado en la cama, tarareando una melodía escocesa,cuando oyó que la reina llamaba a la puerta.
– Ya estoy aquí- dijo con voz fuerte y ronca, por si algún criado estaba escuchando, y luego entró con gran estruendo, encantada consigo misma.
Ordenó que limpiaran el casco y la armadura. La reina había ganado la batalla y al día siguiente cientos de jefes guerreros acudieron al castillo para rendirle tributo.
– No fue difícil- dijo el rey.
Más tarde, el rey y la reina tuvieron cinco príncipes y cinco princesas, y siempre que había una batalla, la reina salía en su caballo y el rey se quedaba en la cama.
– Soy un rey que se ha casado con la reina adecuada- decía el rey.
– Y yo me he casado con el rey adecuado- replicaba la reina con deleite.
Y en toda la larga historia de los reyes y las reinas de Escocia, o de cualquier otro lugar, no hubo reyes más felices. Nadie descubrió, ni siquiera sus propios hijos, que la reina, famosa por sus bordados, era incapaz de dar dos puntadas correctamente.
Moraleja: Ninguno estamos obligados a cumplir los estereotipos marcados por la sociedad.

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