Reflexiones

La lección

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A la hora acostumbrada me acerqué al banco donde con suma calma estaba sentado mi maestro. El hombre, de mediana edad y con una calva que se adivinaba entre el escaso cabello que le quedaba en la coronilla, me vió llegar y sonrió con amabilidad; sus facciones, normalmente disimuladas por una espesa barba, esta vez lucían descubiertas al estar totalmente afeitadas.

Sorprendido ante éste cambio de imagen por parte de mi mentor, me acerqué a él. Me miró y con un gesto me indicó que me sentara: lo hice. Entonces mi maestro, sin borrar su característica sonrisa, comenzó a recitar otra de sus adivinanzas:

  • Hay tres puentes que atraviesan un gran abismo, dando fin a una agradable llanura, y se extienden hasta donde alcanza la vista. Uno es de oro, otro es de plata y el último es de bronce. ¿Qué harías tú y por qué?

Ante tal interrogante dudé unos instantes y con mi respuesta decidida contesté:

-Cruzaría el de oro. Porque es el puente mejor para alcanzar el otro extremo del abismo.

Ante tal respuesta mi maestro perdió su sonrisa. Sin duda ahora comenzaba la lección.

-¿Por qué es el mejor puente para cruzar el otro extremo del abismo? -Preguntó mi maestro de un respingo-.

-Porque es de oro. -Me limité a contestar con creciente impaciencia-.

-Mi querido alumno…- Dijo el maestro mientras negaba con la cabeza- ¿Y si el puente de oro, al ser tan costoso de construir nunca se finalizó y no alcanza el otro lado del abismo? Dije que se extendía, al igual que los otros, hasta donde alcanzaba la vista. ¿Pero acaso hemos de fiarnos únicamente de los sentidos? ¿Y si ninguno de los tres alcanzan el otro lado del abismo? Pero ¿Por qué esa preocupación por cruzar al otro lado? Tal vez estabas mejor en esa agradable llanura de donde procedían tus pasos. De ahí, mi discípulo, que la lección que te aguarda es la siguiente: reflexiona sobre los pasos que das en la vida, pero no confíes siempre guiándote únicamente por tus sentidos o por lo que la gente dice. Un puente de oro no tiene por qué ser mejor que uno de plata o de bronce. Tú mismo debes conocer la respuesta: averigua cual es el mejor y por qué y si puedes, intenta descubrir si llegan hasta el final pero sobretodo, ¡Has de tener un buen motivo para cruzar un abismo! Del mismo modo sucede en la vida: un buen conocimiento y un buen motivo para obrar siempre ayudan a decidir correctamente.

-Pero…Maestro. ¿Entonces esta advinanza no tiene respuesta?- Le dije mientra él me sonreía de nuevo.

-Yo no dije que fuera una adivinanza: éste es un ejercicio que he planteado para estimular tu capacidad crítica. En que no te dejes llevar tan fácilmente por tus propios prejuicios.

El maestro miró el cielo y se levantó del banco, tras lo cual se despidió de mí y comenzó a marcharse, acto seguido se dio la vuelta y vociferó mientras se alejaba:

-¡No olvides volver mañana! ¡Yo acabo de recordarlo!

Las extrañas enseñanzas de mi maestro me dejaron reflexivo en aquel banco: ¿sería lo que él pretendía?

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